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Agricultura

La agricultura es el conjunto de técnicas utilizadas para cultivar plantas con el fin de obtener alimentos, bebidas, fibras, energía, materia prima para la confección, construcciones, medicinas, herramientas, o simplemente para la contemplación estética (paisajismo).


Una persona que trabaja en la agricultura se llama agricultor. El término fazendeiro (en-BR) o lavrador (en-PT) se aplica al propietario de un terreno rural donde, normalmente, se practica la agricultura, la ganadería o ambas. La ciencia que estudia las características de las plantas y los suelos para mejorar las técnicas agrícolas se llama agronomía.

Etimología y terminología

El prefijo agro tiene su origen en la palabra latina agru que significa «tierra cultivada o cultivable». La palabra «agricultura» procede del latín agricultūra, compuesta por ager (campo, territorio) y cultūra (cultivo), en el sentido estricto de cultivo de la tierra.

En portugués, la palabra «agricultura» ha mantenido este sentido estricto y se refiere exclusivamente al cultivo de los campos, es decir, está relacionada con la producción de hortalizas. Sin embargo, en inglés, al igual que en francés, la palabra «agriculture» indica de forma más genérica las actividades agrícolas tanto del cultivo del campo como de la ganadería. Por tanto, una traducción más cercana de agricultura sería farming; se trata, por tanto, de un «cognado engañoso», un concepto que a menudo se confunde con un falso cognado. «Cognado» significa «del mismo origen (etimológico)», por lo que «agricultura» y «ganadería» son cognados simplemente porque tienen el mismo origen, independientemente del significado distinto.

Historia

Orígenes

Los inicios de las actividades agrícolas separan el Neolítico del periodo inmediatamente anterior, la Edad de Piedra Astillada. Al ser anteriores a la historia escrita, los inicios de la agricultura son oscuros, pero se admite que surgió de forma independiente en distintos lugares del mundo, probablemente en valles fluviales y llanuras de inundación habitadas por antiguas civilizaciones. Hace entre diez y doce mil años, durante la prehistoria, en el Neolítico o periodo de la piedra pulida, algunos individuos de pueblos cazadores-recolectores se dieron cuenta de que algunos granos que recogían de la naturaleza para su alimentación podían ser enterrados, es decir, «sembrados» para producir nuevas plantas iguales a las que los originaron. Los primeros sistemas de cultivo y cría aparecieron en unas pocas y relativamente pequeñas regiones del planeta. Estas primeras formas de agricultura se practicaban, sin duda, cerca de las viviendas y de las zonas aluviales de los flujos fluviales, es decir, tierras ya fertilizadas que no requerían la deforestación.

Esta práctica permitió aumentar el suministro de alimentos de estos pueblos, las plantas comenzaron a cultivarse muy cerca unas de otras. Esto se debía a que podían producir frutos que se recogían fácilmente cuando estaban maduros, lo que permitía una mayor productividad de las plantas cultivadas en relación con su hábitat natural. Así se evitaban las frecuentes y peligrosas búsquedas de alimentos. Con el tiempo, se seleccionaron entre los granos silvestres aquellos que tenían las características que más interesaban a los primeros agricultores, como el tamaño, la productividad, el sabor y otras. Así surgió el cultivo de las primeras plantas domesticadas, entre las que se encuentran el trigo y la cebada. Durante el Neolítico, las principales zonas agrícolas se situaban en los valles de los ríos Nilo (Egipto), Tigris y Éufrates (Mesopotamia, hoy conocida como Irak) y Amarillo y Azul (China).

Hace 5.000 años, cuando la agricultura neolítica sólo llegaba al Atlántico, al Mar del Norte, al Báltico, a Siberia, al valle del Ganges y a la gran selva ecuatorial africana, las regiones más cercanas a este centro, en el oeste de Asia, el este de Europa y el norte de África, llevaban mucho tiempo cultivadas y recorridas por rebaños. El río Nilo se desborda cada año entre julio y octubre. Los cultivos en fuga se realizaban después del retroceso de las aguas, cuando los suelos estaban empapados y enriquecidos por los depósitos aluviales, y la cosecha tenía lugar en primavera. Se tiene constancia de su cultivo en al menos tres regiones diferentes del mundo en distintas épocas: Mesopotamia (posiblemente por la cultura natufiana), América Central (por las culturas precolombinas) y en las cuencas fluviales de China e India.

Agricultura moderna

Después de la Segunda Guerra Mundial, la producción agrícola mundial aumentó considerablemente gracias a la vulgarización del uso de diversas tecnologías.

A partir del siglo XX, la agricultura intensiva aumentó la productividad. Sustituyó la mano de obra por fertilizantes y plaguicidas sintéticos, pero provocó un aumento de la contaminación del agua y a menudo implicó subvenciones agrícolas. En los últimos años se ha producido una reacción contra los efectos medioambientales de la agricultura convencional, que ha dado lugar a movimientos de agricultura ecológica, regenerativa y sostenible. Una de las principales fuerzas detrás de este movimiento ha sido la Unión Europea, que certificó por primera vez los alimentos ecológicos en 1991 y comenzó a reformar su Política Agrícola Común (PAC) en 2005 para eliminar las subvenciones agrícolas vinculadas a los productos básicos, también conocidas como desacoplamiento. El crecimiento de la agricultura ecológica ha renovado la investigación de tecnologías alternativas como la gestión integrada de plagas, la cría selectiva (selección artificial) y la agricultura de ambiente controlado.

Entre los últimos avances tecnológicos predominantes se encuentran los alimentos modificados genéticamente. La demanda de cultivos no alimentarios para la producción de biocombustibles, el desarrollo de antiguas tierras agrícolas, el aumento de los costes de transporte, el impacto del cambio climático en la agricultura, la creciente demanda de los consumidores en China e India y el crecimiento de la población amenazan la seguridad alimentaria en muchas partes del mundo.

El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola plantea que el aumento de la agricultura familiar puede ser parte de la solución a las preocupaciones sobre los precios de los alimentos y la seguridad alimentaria en general, dada la experiencia favorable de Vietnam. La degradación/erosión del suelo y las enfermedades que afectan a los cultivos son las principales preocupaciones en todo el mundo; aproximadamente el 40% de las tierras agrícolas del mundo están gravemente degradadas.

En 2015, la producción agrícola de China fue la más alta del mundo, seguida de la Unión Europea, India y Estados Unidos. Los economistas miden la productividad total de los factores de la agricultura y, según esa medida, la agricultura de Estados Unidos es aproximadamente 1,7 veces más productiva que en 1948.

Los numerosos avances en el estudio y la creación de nuevas técnicas y tecnologías aplicadas a la agricultura han permitido aumentar la productividad agrícola. Los principales fueron:

Los tractores, las sembradoras y las cosechadoras sustituyeron a la tracción animal y a las máquinas de vapor. La mecanización del campo hizo posible el uso de máquinas en casi todas las fases del cultivo.

El uso de productos químicos para el control de plagas, especialmente en los países desarrollados. Estas plagas pueden ser desde insectos hasta animales como conejos y ratones, así como malas hierbas y organismos como bacterias, virus y hongos causantes de enfermedades. Con el uso de productos químicos, las pérdidas de cosechas y los precios de los productos básicos han disminuido drásticamente.

Fertilización y reposición de nutrientes en el suelo. Los científicos han descubierto que los elementos esenciales para el crecimiento de las plantas son el nitrógeno, el fósforo y el potasio. En la actualidad, una gran parte de los agricultores utilizan fertilizantes químicos con nitratos y fosfatos para aumentar considerablemente el rendimiento de los cultivos.

El riego como forma de controlar el nivel de humedad de los cultivos. Con las técnicas de riego, los agricultores han podido controlar factores que antes determinaban la producción agrícola, como la frecuencia y la cantidad de las lluvias. Los distintos tipos de riego permiten a quienes tienen acceso a ellos que un largo periodo de sequía ya no suponga la pérdida de una cosecha, como ocurría en el pasado.

Modificación genética de semillas y plantas. La biotecnología aplicada a la agricultura permite reorganizar los genes y añadir otros nuevos con el fin de garantizar la resistencia a las enfermedades y plagas y aumentar la productividad de los cultivos. Se trata de los organismos modificados genéticamente -OGM o transgénicos-, muy utilizados en la agricultura comercial y habituales en los países desarrollados.

Sistemas agrícolas

Las actividades agrícolas, en general, pueden clasificarse según las técnicas de cultivo y distribución de sus productos. Sin embargo, los sistemas agrícolas pueden dividirse esencialmente en dos grandes grupos:

Agricultura intensiva

Sistema que presenta una alta productividad y se realiza en grandes extensiones de terreno (latifundios). Se utiliza la rotación de cultivos, el uso de fertilizantes y la selección de semillas y especies. La producción, que está mecanizada, tiene un alto rendimiento por hectárea. La mano de obra está cualificada. Es común en los países desarrollados y, en los subdesarrollados, la producción se exporta generalmente a los países ricos.

Agricultura extensiva

En esta modalidad, la productividad es baja, se cultivan pequeñas extensiones de tierra (minifundios) y se utilizan técnicas simples o más rudimentarias. El suelo se utiliza continuamente, sin descanso ni rotación de cultivos, lo que provoca su agotamiento. La producción se lleva a cabo con mano de obra no cualificada. Es común en los países subdesarrollados, donde aún no se dominan las técnicas de modernización de la agricultura, aunque la agricultura orientada a la exportación en estos países ha ido modificando este panorama.

Principales tipos de agricultura

Agricultura de subsistencia o familiar

La agricultura de subsistencia, también llamada agricultura familiar, corresponde a la producción agrícola desarrollada por familias cuyos ingresos se destinan en su totalidad a su propia subsistencia. Por lo general, estas familias viven en la misma tierra en la que desarrollan su actividad agrícola.

En este tipo de agricultura, el uso de fertilizantes y técnicas de adaptación del suelo es inexistente. En general, las tierras utilizadas para la agricultura de subsistencia son pequeñas propiedades rurales. Cabe destacar que representa alrededor del 80% de la producción mundial de alimentos y es sumamente importante para la economía.

Agricultura comercial o agricultura moderna

La agricultura comercial, también llamada agricultura moderna o agroindustria, se caracteriza por desarrollar su actividad agrícola a través del monocultivo producido a gran escala y en grandes propiedades. Además, utiliza técnicas agrícolas modernas, como abonos, fertilizantes químicos, pesticidas, insecticidas, semillas transgénicas, maquinaria y mano de obra cualificada.

La agricultura comercial utiliza la tecnología a favor de una mayor productividad en el campo y elimina gran parte del trabajo humano, lo que provoca el éxodo rural y la consiguiente urbanización.

Agricultura ecológica

La Asociación de Agricultura Ecológica define la producción ecológica como un proceso productivo comprometido con la organicidad y la sanidad de la producción de alimentos vivos, para garantizar la salud de los seres humanos, utilizando tecnologías adecuadas a la realidad del lugar de producción. El proceso de producción orgánica no utiliza pesticidas y promueve la restauración y el mantenimiento de la biodiversidad.

Además, la agricultura ecológica utiliza abonos naturales, como la fertilización mediante leguminosas fijadoras de nitrógeno, el abono orgánico procedente del compostaje, la lombricultura, el manejo de la vegetación autóctona y la rotación de cultivos, el uso racional del agua y otras técnicas adaptables a la realidad local.

Agricultura biodinámica

La agricultura biodinámica es un modelo de producción agrícola que no utiliza fertilizantes químicos, herbicidas, semillas transgénicas, antibióticos ni hormonas. Por esta razón, a menudo se relaciona y se confunde con la agricultura ecológica. El método, creado por Rudolf Steiner en 1924, puede entenderse como una rama de la antroposofía que pretende comprender más profundamente cuáles son las relaciones entre los seres humanos, la tierra y el cosmos.

La agricultura en sí misma es una actividad que siempre tiene un impacto, en mayor o menor grado. Así, Steiner propuso medios para restablecer los equilibrios rotos mediante el uso de preparados biodinámicos, de modo que las actividades agrícolas no comprometan todo el sistema. En este modelo de agricultura, la explotación se considera un organismo vivo cuya salud depende de las interacciones entre sus elementos dentro y fuera de la explotación. Así, la biodinámica busca mantener un ciclo de producción coherente con su zona, las especies utilizadas y sus ciclos naturales.

Agricultura regenerativa

El término «agricultura regenerativa» fue acuñado por el estadounidense Robert Rodale, que utilizó las teorías de la jerarquía ecológica para estudiar los procesos de regeneración en los sistemas agrícolas a lo largo del tiempo. Es un concepto ligado a la posibilidad de producir recuperando suelos. Su propuesta tiene como objetivo la regeneración y el mantenimiento de todo el sistema de producción de alimentos, incluidas las comunidades rurales y los consumidores. Esta regeneración de la agricultura debe tener en cuenta, además de los aspectos económicos, las cuestiones ecológicas, éticas y de igualdad social.

El cuidado del suelo es un aspecto importante de la agricultura regenerativa. Gracias a sus prácticas, es posible recuperar suelos empobrecidos y asegurar su buen uso. En este contexto, la agricultura regenerativa valora los microorganismos presentes en el suelo, ya que son esenciales para el mantenimiento de la tierra. Por ello, uno de los mecanismos de este tipo de agricultura es el desarrollo y la utilización de biofertilizantes preparados con materiales naturales, que se ponen a disposición del agricultor. Estos biofertilizantes enriquecen el suelo y benefician al cultivo con microorganismos.

Agricultura sintrópica

Se denomina agricultura sintética a un sistema de cultivo agroforestal basado en el concepto de sintropía. Se caracteriza por la organización, integración, equilibrio y conservación de la energía en el entorno. Este sistema agrícola busca inspiración en la dinámica natural de los ecosistemas que no han sufrido la interferencia humana para una gestión sostenible.

La idea general de la agricultura sintropical es acelerar el proceso de sucesión natural mediante dos técnicas: la escarda selectiva, eliminando las plantas pioneras nativas cuando están maduras, y la poda de árboles y arbustos, distribuyéndolos después por el suelo como abono, proporcionándole una mayor disponibilidad de nutrientes.

Los productos químicos u orgánicos que no proceden de la propia explotación tampoco se utilizan en la agricultura sintética. Los insectos y organismos vivos que pueblan las zonas de cultivo se consideran señales de deficiencias en el sistema y ayudan al agricultor a comprender las necesidades o fallos de ese cultivo.

Agricultura ecológica

La agricultura ecológica puede definirse como «un sistema de producción holístico, que promueve y mejora la salud del ecosistema agrícola fomentando la biodiversidad, los ciclos biológicos y la actividad biológica del suelo». Favorece el uso de buenas prácticas de gestión en la explotación en lugar de insumos externos, teniendo en cuenta que los sistemas de producción deben adaptarse a las condiciones regionales. Esto se consigue, siempre que sea posible, mediante el uso de métodos culturales, biológicos y mecánicos en lugar de materiales sintéticos», según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

Los sistemas de agricultura ecológica tratan de optimizar la salud y el bienestar de los animales, los cultivos y los seres humanos, y de mantener y mejorar el medio ambiente en la explotación y sus alrededores. Para ello, esta práctica agrícola no utiliza fertilizantes, pesticidas e insecticidas sintéticos y aplica técnicas de producción que potencian la fertilidad natural del suelo y reducen la incidencia de plagas, enfermedades y malas hierbas en los cultivos.

Permacultura

La permacultura es un método y una filosofía de vida. Los principios de la permacultura establecen que las necesidades humanas están vinculadas a soluciones sostenibles, teniendo siempre en cuenta el equilibrio entre los ecosistemas y el respeto a los demás.

Se trata de una metodología de trabajo que, según sus creadores, estimula el desarrollo sostenible aliado a un entorno productivo en zonas rurales y urbanas. Es un sistema en el que el habitante, la casa y el entorno se integran en un mismo organismo vivo.

Impactos medioambientales

El medio ambiente está directamente afectado por la agricultura y la ganadería. El impacto ambiental se define como las consecuencias desastrosas en la naturaleza, debido a las prácticas desordenadas del ser humano.

La actividad agrícola es indispensable para la supervivencia del ser humano, pero modifica automáticamente el medio ambiente. Por eso es necesario revisar constantemente sus conceptos y actitudes, buscando alternativas que reduzcan la agresión a la naturaleza. Las deficiencias causadas por el hombre en la naturaleza provocan un efecto irreversible en el planeta.

La plantación requiere un lugar fértil y para ello es inevitable la deforestación. Si se sustituye la plantación existente, se destruye la genética del planeta y se altera el equilibrio del ecosistema.

Y, además, sigue el uso de equipos agrícolas, que son máquinas movidas por combustibles fósiles que contaminan el aire, además del uso de insumos agrícolas que la lluvia y el riego acaban conduciendo a los ríos y contaminando así el agua.

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Fuentes: Wikipedia, Brasil Escola, eCycle, Educa+ Brasil

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